JULIÁN  BAUTISTA    
     Compositor de música clásica.
     Nacido en Madrid en 1901 y fallecido en Buenos Aires en 1961.
    
centenario@julianbautista.com.ar    

 

 

 
“Sinfonía Breve”, Nº 1, Op. 19

 Ernesto Epstein, del programa del concierto de la  
Asociación Amigos de la Música de Buenos Aires,,  
en el estreno de la obra bajo la dirección del Maestro Juan José Castro,  
el 26 de Setiembre de 1956.

La Sinfonía Breve del compositor español Julián Bautista –incorporado en forma definitiva a nuestra vida musical desde hace algunos años—es una obra encargada por Amigos de la Música. La disposición de la misma, tanto en su aspecto total –si exceptuamos la falta del minuetto—como respecto a cada movimiento, en líneas generales se atiene a la de la sinfonía clásica, correspondiendo el primer movimiento al Allegro forma sonata con sus dos temas principales, desarrollo y recapitulación; el segundo al Andante, en forma de lied tripartito; y el último Allegro al Rondo, con una idea principal cuyas repeticiones son interrumpidas por varios episodios.

El estilo de Bautista se define por la importancia que adquieren ciertos motivos de sustancia rítmica, que sometidos a las más variadas transformaciones penetran en cada una de las secciones de un movimiento y aún a lo largo de toda la obra. A estos temas de ritmo pronunciado dinámico impulsivo, se enfrentan por partes otros de carácter más melódico y expresivo. Otro rasgo característico de la estructura musical de Julián Bautista es la prolija elaboración contrapuntística, que echa a mano a los más diversos recursos propios de esa técnica –imitaciones, cánones, inversiones, estrechos y aumentaciones de los temas—sin comprometer en ningún momento la transparencia y espontaneidad del idioma musical.

En el aspecto total, el autor no se pliega a un atonalismo absoluto. Por trechos de acentuado cromatismo, sus temas y la concepción armónica se basan, sin embargo, en ciertos polos tonales, lo que asegura la solidez y la lógica interna de la estructura de la obra.

El primer movimiento es de desarrollo muy denso y de gran fuerza rítmica. El diseño característico del tema principal en semitonos, penetra en casi toda la extensión del trozo. El primer tema de la forma sonata, es representado aquí por todo un grupo de motivos rítmicos que son como variaciones de una sola substancia; el segundo tema, melódico, de efecto contrastante por sus amplios intervalos, es presentado por el clarinete, pasando luego a oboe y a las cuerdas. Todos los movimientos y temas son sometidos a un continuo proceso de desarrollo que se intensifica en la sección central, caracterizada por su elaboración contrapuntística y que está constituida, esencialmente, por el segundo tema de carácter melódico, que aparece aquí en aumentación y simultáneamente en su propia inversión. Culmina esta parte con el retorno del primer tema –también en aumentación—refundiéndose de este modo el desarrollo con la reexposición, en la que lógicamente reaparecen los restantes temas y motivos expuestos en la primera parte, aunque ahora en forma abreviada.

A la severidad y rigor constructivo del primer movimiento, sigue el Moderato, de intensa expresividad. Después de una breve introducción, en la que se alude a elementos melódicos del primer movimiento, las flauta entona el tema principal sobre una insistente escala de do sostenido, pizzicato en los bajos. El oboe retoma el tema enriquecido por elementos contrapuntísticos que luego son desarrollados en forma libremente movida por los violines. La segunda idea principal del movimiento –presentada por el violín solo—adquiere la forma de un tema con variaciones, las trompas, los bajos y trompeta, intervienen de modo significativo en esta sección. Con el retorno del primer tema se inicia la última parte, un da capo resumido (el tema aparece en estrecho entre violines, clarinetes y flautas), y termina el movimiento con el diseño recitativo de la viola y otros elementos de la introducción.

El Finale, en forma de rondo, cobra nuevamente la modalidad dinámica que deriva de la energía rítmica de los motivos principales. Iníciase el movimiento con un motivo animado que asumirá gran importancia en el desarrollo posterior y que precede la entrada del primer tema propiamente dicho. Este, de carácter gracioso, es ejecutado por los violines, y es dable observar en él esa sustancia de los semitonos que caracterizaba ya al tema principal del primer movimiento. En el primer episodio, los celli exponen un tema melodioso dialogando luego con los oboes; de acuerdo a la forma del rondó vuelve el primer tema, aunque en forma más desarrollada. Un segundo episodio iniciado por los violines lleva a una climax después del cual una recapitulación abreviada de toda la primera parte conduce a la coda que, en ritmo cada vez más animado, concluye la obra en forma brillante.

 

 Howard Taubman,  
The New York Times,  

24 de Marzo de 1957

An Argentine and a Venezuelan composer moved to the front and center last night at the third concert of the Festival of Latin-American Music. (Orquesta Sinfónica Venezuela, conducted by Jascha Horenstein.) Both are virtually unknown in the United States.

Julián Bautista, the Argentine, was the author of “Short Symphony”, a work written with high seriosness of purpose and thorough professional aplomb.

Señor Bautista’s symphony is written in a neoclassical vein, but in no way does it ape more distinguished models in this genre. For this is a composer with a mind of his own. He has a sense of form, his approach is sophisticated. His themes are short and germinal and he knows how to make them envolve rhythmically and harmonically.

The end movements are full of vigor, although it must be admitted that here the musical ideas, while viable, lack that extra bit of juice that would make the symphony ingratiating. The slow movement is anothe matter--expressive, deeply felt and fully communicative. One is certain that this section, like the rest of the symphony, would grow in dimension if it were played by an orchestra of the first order.

It should be added that Señor Bautista’s symphony is almost wholly international in provenance. There is hardly anything specifically Argentinian in this music, at least to one who is just becoming aware of the scope of that country’s musical development.

 

 Jorge D’Urbano, diario “El Mundo” de Buenos Aires,  
con motivo del concierto ofrecido por la Asociación Amigos de la Música,  
publicado el 29 de Julio de 1960.

(...)  
El programa se inició con la “Sinfonía Breve", Nº 1, Op. 19, de Julián Bautista, que a la repetida audición mantiene intactos los valores musicales que encierra. Es la obra de un músico sólido e imaginativo. Es brillante sin ser hueca. Es expresiva sin ser sentimental. Su material temático, sin ser muy variado, es atrayente. Su tema es rico. Está orquestada a la perfección. Todo suena y suena bien. El director, Paul Klecki, la dirigió con brío y genuina comprensión de su esencia. Fue un verdadero placer escuchar la expuesta con tanta lucidez y seguridad.

 

Leopoldo Hurtado,  
diario “La Prensa” de Buenos Aires,  
el 29 de Julio de 1960.

La Asociación Amigos de la Música dio un concierto sinfónico en el Opera, con un programa que estuvo dirigido por el maestro Paul Klecki.

Comenzó con la “Sinfonía Breve", Nº 1, Op. 19, de Julián Bautista, el eminente compositor español residente entre nosotros. Esta obra, que le fuera encargada años atrás por Amigos de la Música, reiteró en esta nueva audición los grandes valores musicales que posee.

En sus tres tiempos, presenta caracteres bien definidos: el Allegro inicial está hecho basado en motivos cortos, rítmicos y melódicos, que se repiten insistentemente en todos los registros y timbres, en sucesión siempre animada y vivaz. El segundo tiempo, Moderato, es más melódico e imaginativo. Los temas, muy expresivos, están preferentemente a cargo de las maderas, y la instrumentación, delicada y sutil, los envuelve en una atmósfera poética y evocativa. Finalmente, el Allegro Vivace retoma el acento ágil,  chispeante, con brillantes toques instrumentales y con ritmos entrecruzados que le dan suma movilidad.

La escritura de Bautista es sumamente compleja y mezcla constantemente los timbres, lo cual dificulta la ejecución. Klecki dio de ella una versión que fue un modelo de claridad y comprensión.

 

Enzo Valenti Ferro,  
diario “Correo de la tarde” de Buenos Aires,  
el 29 de julio de 1960.

(...)  
En la “Sinfonía Breve", Nº 1, Op. 19, de Julián Bautista, estrenada hace cuatro años en los conciertos de la Asociación Amigos de la Música, y que ha sido un acierto recordar porque es una obra de absorbente interés, , Klecki se manejó para nuestro gusto, con entera comodidad. El vigor rítmico, la vitalidad los

fuertes contrastes de dinámica y la intensidad expresiva que la Sinfonía cobra especialmente en el segundo movimiento, encontraron en él un excelente traductor.

 

Diario “La Nación” de Buenos Aires,  
el 30 de Julio de 1960.

Un concierto de notable jerarquía artística ofreció la Asociación Amigos de la Música, en la sala del Teatro Ópera. (...)

El primer número del programa era la “Sinfonía Breve", Nº 1, Op. 19, del prestigioso compositor español Julián Bautista, radicado desde hace muchos años en nuestro país, y prácticamente incorporado al movimiento musical argentino, del que es en la actualidad uno de sus más calificados representantes.

Dicha partitura, encargada por la Asociación Amigos de la Música, es una de sus más características y logradas creaciones, imponiéndose por el intenso dinamismo de sus movimientos extremos, que contrasta con la emotividad y hondura de tono del Moderato assai ed espressivo central. Paul Klecki brindó una excelente ejecución, captando con habilidad el estilo de la obra.

 

Diario “Clarín” de Buenos Aires,  
el 30 de Julio de 1960.

(...)  
El programa se abrió con la “Sinfonía Breve", de Julián Bautista, partitura de gran vuelo y aliento que coloca a ese músico entre los valores más positivos de nuestra vida musical. Integra, con ideas de noble procedencia, construido en base a elementos positivos de pura especulación, la obra fue vertida con claridad, poniendo de manifiesto cada una de sus bondades.

 

Jorge Oscar Pickenhayn, del programa del concierto en  
el Teatro Colón, de Buenos Aires, con la Orquesta Sinfónica Nacional,  
bajo la dirección de Jonathan Sternberg,  

el 10 de Setiembre de 1962.

Esta obra, publicada como homenaje a la memoria de su autor fallecido el año pasado en nuestro país, a los sesenta de edad, dejando un recuerdo imperecedero entre quienes fueron sus alumnos –primero en España, en su Madrid natal, y luego en la Argentina y en Puerto Rico. lugares todos donde se desempeñó como profesor de Composición-- nos trae el fiel reflejo de lo que fue la personalidad de Julián Bautista, mezcla de emoción y raciocinio, de sensibilidad purificada a través del agudo tamiz intelectual.

Así, si observamos la orquestación, veremos que en ella predominan los instrumentos aerófonos o cordófonos y que, en cambio, los de percusión apenas si están representados a través de timbales. Es que para Bautista, del mismo modo como antaño para Mozart, la música debía trascender, primeramente, a través de sus posibilidades melódicas y armónicas; las rítmicas –tan fundamentales para algunos autores contemporáneos- resultan simple consecuencia de aquellas, pero nunca factor predominante. Eso no quiere decir que en las obras del músico español se subestimen los elementos agógicos; simplemente, se les acuerda un justo valor.

El Allegro comienza por un tema incisivo: tres notas repetidas que luego se diluyen en otras siete, todas de figuración breve, jalonadas por acentos que refuerzan su carácter y su sonoridad vigorosa. Después, los clarinetes y fagotes inician un breve diálogo, apoyados por los metales y las cuerdas; a renglón seguido, se incorporan los oboes y las flautas. La sonoridad, que se fue atemperando, retoma, mediante un crescendo, su plenitud. Luego la flauta, los clarinetes y los fagotes quedan solos, junto a la primera viola y al primer celo, reforzados por los demás celos y contrabajos. Es sólo un momento, tras el cual se reinicia el “tutti”. Más adelante, disminuye el movimiento su velocidad y surge una expresiva combinación entre las cuerdas y los aerófonos de madera, especialmente los clarinetes y los oboes. Se vuelve al tempo primo y a la orquesta más nutrida, para reexponer largamente algunos de los temas principales de la obra, terminándose con un pasaje brillante.

En el Moderato assai ed espressivo, las cuerdas, con sordina, en pizzicato y piano pianissimo, esbozan apenas, en seis por ocho, un tenue canevás sobre el que bordan los fagotes un dulcísimo tema. Se dejan oír los clarinetes y las violas, especialmente el solista. Después, el movimiento se aquieta aún más y entonces la flauta, los clarinetes y los celos y contrabajos, hacen oír sutiles melodías entrelazadas, ora en rubato, ora calmando. Se agrega el oboe para imitar el tema expuesto antes por la flauta y el clarinete, tema que pasa después al violín. Sobreviene un Piú Andante, muy breve, retomándose el seis por ocho para exponer ahora nuevos motivos rítmicos y melódicos. Sobresalen, por momentos, los metales, mientras las cuerdas tienden una verdadera maraña de notas que preparan la explosión sentimental que, en progresivo crescendo, se afirma. Pero será como una de esas tormentas de verano que, a veces, terminan antes de comenzar, ya que enseguida renacen la placidez y la calma.

Un tema de ritmo curioso –dos semicorcheas y una corchea seguidas por un silencio de negra o bien ubicados entre dos silencios de corchea, en dos por cuatro- inician vigorosamente, en los aerófonos, la parte final de esta Sinfonía, Allegro al rondo. Los violines, los cornos y algunos metales, con apoyo de los demás instrumentos, exponen un flujo rítmico constante. Luego los oboes, clarinetes y fagotes, secundados por las cuerdas, inician un nuevo motivo, hasta que se llega al tutti. Más tarde, quedan solos los metales y las cuerdas y, después, nuevamente las maderas. Luminoso juego de sonoridades y de timbres despliega aquí el autor. Como en la parte primera de la obra, se busca la figuración breve, de notas repetidas en staccato, contrarias a toda solemnidad o falsa amplitud. Y también el vigor, la fuerza, la tensión anímica, presentes en cada uno de los compases del final.

 

Tomás Marco, diario “Ya” de España,  
febrero de 1977.  
“Recuperación de Julián Bautista”.

En estos días, la Orquesta Sinfónica de la RTVE, con Odón Alonso a la cabeza, ha revelado al gran público de Madrid, y al de toda España, a través de micrófonos y cámaras, la “Sinfonía Breve", Nº 1, Op. 19, de Julián Bautista, que es tanto como afirmar que ha devuelto al aficionado mayoritario un nombre inolvidable. La “Sinfonía Breve" se daba como estreno en España, el país natal del compositor, veintiún años después de que fuera compuesta, y con ella se recupera uno de los grandes nombres del exilio musical.

Ello no quiere decir que en los últimos años no se hubieran tocado algunas obras menores, o si se quiere de menos proporciones, del autor, como los “Catro Poemas Galegos", Op. 18, el “Romance del Rey Rodrigo", Op. 2, o a través de audiciones radiofónicas, la “Sonatina-Trío en homenaje a Scarlatti” o la suite para piano “Colores”. Pero Bautista no era un hombre conocido para el gran público, ni ocupaba la situación que merece en el panorama musical español.

Como Ernesto y Rodolfo Halffter, como Gerhard, Bacarisse o Remacha y tantos otros, Julián Bautista pertenece a una generación truncada, la “Generación del 27”, que tiene muchos puntos de contacto con su homónima promoción poética.

Truncada por el trauma de la guerra española, que la dispersó a los cuatro vientos con un resultado igual para los que marcharon y para los que quedaron en España: la cristalización en un momento histórico, la pérdida de su capacidad de renovación, la no consecución de una madurez definitiva. Muy pocos se libraron de estos efectos, y ello fue un mal que la música española hubo de arrastrar durante considerable número de años. Era la promoción que debía continuar a Falla, la que alentara Adolfo Salazar, la que abandonó la idea de la ópera nacional para crear innumerables ballets. En el caso de Bautista, el “Ballet Juerga", Op. 4, estrenado en 1929 en la Opera Cómica de París, por la legendaria Antonia Mercé.

Julián Bautista fue madrileño, nacido el 21 de Abril de 1901, y en su formación intervino decisivamente otro madrileño, Conrado del Campo. Desde muy joven sus obras ya destacan, componiendo a los diecinueve años la música para “Interior”, de Maeterlinck. En 1922 y 1926 obtuvo el Premio Nacional de Música de España; en 1932, el de Unión Radio, y en 1938, el Primer Premio del Concurso organizado por la Reina Elizabeth de Bélgica. Es la época de la “Obertura para una ópera grotesca", Op. 12,  de la “Suite all'antica", Op. 11, de la “Seconda Sonata Concertata a Quattro", Op. 15,  de “Tres Ciudades", Op. 14, etcétera. Y el momento en el que el compositor piensa dedicarse a la enseñanza como medio de vida, obteniendo por oposición una cátedra de Armonía en el Conservatorio de Madrid. Casi a las puertas de la guerra, en 1936.

En 1940, Bautista marcha a Buenos Aires. Otros compañeros de promoción se desparraman por el mundo: Rodolfo Halffter a México; Roberto Gerhard, en Cambridge; Salvador Bacarisse, en París y un largo etcétera. En Argentina, Bautista rehará su carrera, convirtiéndose en un importante compositor de rango internacional. Escribe la “Fantasía española", Op. 17, para clarinete concertante y orquesta, , los “Catro Poemas Galegos", Op. 18, el “Romance del Rey Rodrigo", Op. 20, la “Sinfonía Breve", Nº 1, Op. 19.

Después vendrá el Premio Ricordi a la “Segunda Sinfonía”, Op. 21, llamada por esa razón “Ricordiana”, el “Cuarteto de Cuerdas Nº 3", Op. 22, premiado en el I Festival de Música Contemporánea Americana, las lecciones en Puerto Rico y una muerte temprana acaecida en Buenos Aires, el 8 de Julio de 1961.

Valorar la aportación de Bautista a la música española no es fácil. Por un lado, porque la ausencia ha determinado que no pudiera influir directamente sobre ella; por otro, porque el desarraigo detuvo en él una posible evolución. Hay cierta tendencia, entre las minorías musicales que conocían hasta ahora su existencia e importancia, a sobrevalorar algunos datos que el exilio agranda. Ni quiero decir con esto que Bautista no fue importante, sino que lo que no fue en modo alguno era un revolucionario de la música.

Su producción muestra un lenguaje moderno y preocupado por su tiempo, pero no puede dar el salto evolutivo, sobre todo porque cristaliza su lenguaje en la nostalgia del pasado irremediablemente perdido y de la España lejana. Bautista recreará en su vida bonaerense una música neonacionalista de indiscutibles ecos neoclásicos, los mismos que ya se dejan oír desde 1924 en la “Sonatina-Trío”. Pero al mismo tiempo será una música vital, perfectamente hecha y capaz de traslucir que no sólo hay un gran artesano, un auténtico profesional de la música, sino también un buen artista.

La “Sinfonía Breve" data de 1956, y es un buen ejemplo de su lenguaje y su credo musical. Música pura, abstracta, que rinde homenaje a la perfección de la forma, pero también a unos ecos españoles transfigurados. En realidad, sólo el hecho de ser una sinfonía, y además, una buena sinfonía, hubiera merecido más atención en un país que posee escasos ejemplos de esta forma.

Bautista ha sido durante muchos años un ausente, pero su recuperación actual es un hecho importante. La música española que media entre Falla y la actual vanguardia no está tan sobrada de grandes figuras como para renunciar a la suya. Bienvenida sea esta recuperación.

 

Diario “ABC” de España,  
22 de Febrero de 1977.

También la programación de esta semana de la orquesta radiotelevisiva sufrió variación respecto a lo previsto en principio. El maestro anunciado, Miguel Angel Gómez, fue sustituido por uno de los titulares de la agrupación Odón Alonso, quien mantuvo la primera parte del programa de aquél, pero sustituyó en la segunda la “Pulcinella” stravinskyana por los muchos más utilizados “Cuadros de una exposición” de Moussorgsky-Ravel.

En todo caso, la permanencia de la “Sinfonía Breve", Nº 1, Op. 19, de Julián Bautista, y el “Concierto para flauta de Carl Stamitz –por primera vez ambas obras en los atriles de la orquesta--, proporcionó al concierto alicientes más que sobrados

No ya la “Sinfonía Breve", sino la propia figura de su autor, está prácticamente inédita en su tierra. Miembro de la llamada “Generación de la República”, se exilió, como casi todos los demás, al término de nuestra guerra civil y exiliado permaneció hasta su muerte, acaecida en 1961. Prácticamente inédito, decía, y quizá debería haber dicho inédito del todo. Lo que no se justifica –y de ahí que antes hablara de alicientes--, por más que esté por mi parte bastante de acuerdo con Manuel Valls, cuando escribe sobre la “Generación de la República”, que “en conjunto es un grupo más esteticista que innovador”; e incluso cuando añade que lo que da la pauta de la generación es “una general falta de inquietud en continuar y desarrollar la experiencia de Manuel de Falla”.

Y no se justifica porque además de que ha habido en el grupo alguna excepción al aserto, ninguno de los que lo formaron debe ser olvidado y no pocas obras por ellos suscritas, merecen los honores de la revisión o del estreno. Una de ellas es la “Sinfonía Breve", Nº 1, escrita por Bautista en 1956, que se acaba de montar por Alonso y la Sinfónica de RTVE. Articulada en tres movimientos responde a una intencionalidad estructuradora general de base rítmica, hasta el punto de que la advertencia expresa del allegro ben ritmico inicial pienso que informa en no corta medida los dos restantes. El apoyo en diversas células rítmicas como soporte expresivo primordial, se encuentra presente en el total de lo escrito si se exceptúa la sección intermedia del moderato intermedio, tiempo que con su carácter sombrío y pesimista, presta, por orto lado, del debido contraste a la “Sinfonía Breve”. Obra clara, directa y compuesta con buen oficio y sabio aprovechamiento de los efectivos orquestales, fue expuesta por Odón Alonso con idénticos claridad y oficio.

 

Diario “La Nación” de Buenos Aires, con motivo del concierto clausura del ciclo 1980,  
de la Orquesta Juvenil de LRA Radio Nacional,
Director: Ljerko Spiller,  
Fundación Coliseum.

Julián Bautista fue un músico importante a quien las circunstancias vincularon estrechamente a la Argentina, y por ende a su quehacer artístico, por largo período que se extendió desde 1938, año en que abandonó Europa para ya no volver a ella, hasta 1961, fecha en que lo sorprendió la muerte, prematura, en la plenitud de sus aptitudes y posibilidades.

Bautista había nacido, en 1901, en Madrid donde estudió, principalmente con Conrado del Campo en el real Conservatorio de Música del que sería profesor de armonía, orientándose de manera decidida hacia la creación que cultivó asiduamente sin desentenderse, por lo demás, de la enseñanza. Cuando arribó a Buenos Aires poseía ya considerable renombre. Integrante del llamado Grupo de Madrid, que tuvo su auge en la década del 30, había visto difundirse su nombre principalmente a través de un ballet “Juerga”, destinado a Antonia Mercé.

Aquí siguió produciendo intensa y regularmente, siempre con ejemplar dignidad, a veces en tareas para las que debía avenirse a exigencias propias de la cinematografía comercial, en otras ocasiones manejándose con entera libertad conforme con sus principios y objetivos estéticos.

Cuanto escribió en esa última línea dice muy a las claras de talento, de solidez profesional, de honestidad sin concesiones a lo fácil o intrascendente, de seriedad a cubierto de desvaríos.

Empero, y a poco de la muerte del compositor, la obra de Bautista fue entrando, injustificadamente, en tenaz silencio. Ni siquiera algunos pretendidos apóstoles de la producción de este siglo que andan por ahí –ni hablemos los vanguardistas acérrimos—movieron un dedo para reparar el penoso olvido. Ahora debe celebrarse un hecho que ojalá marque una rectificación obviamente deseable. Bautista ha vuelto a los repertorios. Debe agradecérselo a quienes, con Ljerko Spiller a la cabeza, orientan la labor de la Orquesta Juvenil de la emisora estatal.

En virtud de ello se escuchó la “Sinfonía Breve”, bella e inteligente, que para muchos oyentes de hoy habrá resultado una grata novedad, sin duda –ojalá que así fuera—un acicate para conocer más y mejor acerca de su autor.

Esa obra nació como consecuencia de un encargo formulado por la Asociación Amigos de la Música y fue estrenada en 1956. A través de esa partitura, sustanciosa, equilibrada, se advierte una bien definida raigambre hispana que entronca con el Falla de “El Retablo” y del “Concierto para clave” –la precedente ”Juerga” derivaba en mayor medida de “El sombrero de tres picos”—así como una no menos nítida inserción en el neoclasicismo. La materia musical es noble, el manejo de la estructura clásica denota muy buen oficio y la orquesta es tratada con pericia y buen gusto.

Al servicio de la “Sinfonía Breve” de Bautista, que no es obra de ejecución sencilla, puso Spiller su musicalidad, su probidad, su experiencia y su cariño, en tanto sus jóvenes colaboradores no retacearon dedicación, esfuerzo y disciplina. Los resultados fueron pues totalmente positivos. Coincidieron así, en buena hora, un acto de justicia y una afortunada experiencia artística. La acogida fue cordialísima.

 

Julio Palacio, del programa del concierto de la  
Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina, bajo la dirección de Mario Perusso,  
el 10 de Octubre de 1984.

Julián Bautista nació en Madrid, España, en 1901. A raíz de la guerra civil española, se radicó un tiempo en Bruselas antes de recalar definitivamente en la Argentina, a partir de 1940. Tres años más tarde Juan José Castro daría a conocer su primer obra estrenada aquí, la suite del ballet “Juerga” incorporando definitivamente su nombre dentro del repertorio sinfónico y de conciertos. Atrás quedaban una serie de partituras destruidas junto con su casa madrileña y que, según parece, identificaban al autor con la estética impresionista. Reflejando con precisión la imagen del artista austero –tan asociada con el mundo hispano—Bautista compuso una cantidad relativamente breve de obras hasta su muerte acaecida en 1961. Según parece su trabajo era siempre minucioso y disciplinado, rasgos que se conjugarían bien con la estética neoclásica que prima en la mayoría de las composiciones escritas en suelo argentino.

Fue Bautista docente y director de orquesta esporádico y cultivó con cierta asiduidad la composición de música para cine. Unido por entrañable amistad a Juan José Castro, fue este último quien lo despidiera más elocuentemente con bellas palabras que hoy se recuerdan y con una obra, “Epitafio en ritmos y sonidos” compuesto al año del fallecimiento del destinatario.

Su catálogo orquestal comprende dos sinfonías, la primera de las cuales se escucha esta noche. La instrumentación requiere: maderas a dos, dos cornos,  trompeta y dos trombones; timbal y cuerdas, formación moderada y podría decirse recatada que nos habla del ideal virtuoso (no virtuosístico) que engloba la intención neoclásica.

El “Allegro ben ritmico” en metro binario, expone un transparente esquema de sonata. El primer elemento aparece al comienzo en cuerdas y maderas con manifiesta función rítmica, pero es balanceado por una melodía anunciada por flauta y clarinete, la cual es inducida a un fugato que inaugura el desarrollo.

El “Moderato assai ed espressivo” está en 6/8. Un solo de viola cede paso a superposiciones contrapuntísticas de las maderas que oponen figuras rítmicas muy contrastadas y que conducen a una progresiva densificación de la escritura.

El “Allegro vivace” en ¾ emplea como es frecuente en las obras de inspiración neoclásica, el estilo de toccata con intensos ostinatos de semicorcheas en cuerdas y cornos los que anuncian un tema “grazioso” que predomina largamente en el movimiento.

Pero si quedaran dudas de la filiación estilística de la obra, cabe reconocer la tendencia al empleo del politonalismo, manera o método favorito de solucionar el conflicto formal que instauró el neoclasicismo.

La obra, de todas maneras, confirma claramente la referencia tonal aposentándose finalmente sobre un claro LA.

La primera audición de la Sinfonía Breve de Julián Bautista estuvo a cargo precisamente de Juan José Castro y la Orquesta de la Asociación Amigos de la Música en 1956, año de composición de la obra.

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