JULIÁN  BAUTISTA    
     Compositor de música clásica.
     Nacido en Madrid en 1901 y fallecido en Buenos Aires en 1961.
    
centenario@julianbautista.com.ar    

 

 

COMENTARIOS Y ANALISIS 

PUBLICADOS POST - MORTEM

Constante Abolsky,  
análisis sobre Julián Bautista titulado:  
“Contribución al estudio de su último período creador”,  
Febrero de 1972.

Este estudio pretende aportar algunas precisiones respecto a la última etapa creadora de Julián Bautista, para lo cual intentará ahondar en el análisis de una de las obras más importantes de ése período, el “Romance del Rey Rodrigo", Op. 20, estableciendo las condiciones estilísticas que puedan ligarlo a sus otras composiciones. Como he tenido el privilegio de ser su discípulo durante varios años, trataré de vincular los rasgos detectables en esas obras con opiniones que tuve ocasión de escucharle en el curso de mis clases, que informan sobre sus ideas en materia de estética y creación musical.

Es lamentable tener que consignar que la obra de Bautista, a quien debemos contar entre nuestros artistas no obstante su origen, no goza de la difusión que merece, si descontamos esporádicas audiciones de sus creaciones, y algún notable esfuerzo como el emprendido bajo la dirección de su discípulo Horacio de la Rosa, quien organizara en ocasión del décimo aniversario de la muerte de Julián Bautista, la difusión de la casi totalidad disponible de su obra a través de Radio Nacional (Argentina) en julio último. Por otra parte son escasos los estudios consagrados a su obra y personalidad, aquí haremos referencias a algunos de ellos.

No es intención de este trabajo abundar en datos biográficos respecto a Julián Bautista, por lo que simplemente apuntaré que, nacido en Madrid el 21 de Abril de 1901, donde se realizara desde muy joven sus estudios musicales, emigró de España con motivo de la guerra civil y luego de recorrer algunos países se radicó en nuestro país en 1940. Su fallecimiento se produjo en Buenos Aires, el 8 de Julio de 1961.

Entre nosotros desempeñó una amplia labor en el campo de la creación (incluyendo partituras para algunas películas) y en la pedagogía, además de ocasionales presentaciones como director de orquesta. Podemos recordar entre los momentos empinados de su carrera, la obtención  de importantes premios en concursos de composición, de los que citaré algunos: el primer premio del Concurso Internacional, realizado en 1938, por el Quatour Belge â Clavier, por la “Seconda Sonata Concertata a Quattro, Op. 15, otorgado por el siguiente jurado: Arthur Bliss, Alfredo Casella, Jacques Ibert, Tibor Harsanyi, Arthur Honegger, León Jongen, Willem Pijper, Alexander Tansman y Heinz Tiessen; la “Sinfonía Ricordiana”, Nº 2, Op. 21, fue galardonada en ocasión del concurso que Ricordi Americana celebró en 1957 con motivo del 150º aniversario de la casa central; los miembros del jurado fueron Juan José Castro, M. Camargo Guarnieri y Alberto Ginastera; por último citemos el premio concedido al “Cuarteto de Cuerdas Nº 3”, Op. 22,  (1958) por la Asociación Argentina de Conciertos de Cámara, con el voto unánime del jurado formado por M. Camargo Guarnieri, Juan Orrego Salas y Alberto Ginastera. Hacia el final de su vida tuvo la satisfacción de ser nombrado Profesor del Conservatorio de Música de Puerto Rico, dirigido por Pablo Casals.

(Aquí, Constante Abolsky presenta el detalle
completo de su producción, que se puede
encontrar en el capítulo “catálogo de obras”)

Bautista atravesó significativas transformaciones estilísticas en el curso de su carrera. En 1930 se formó en Madrid un núcleo de jóvenes compositores, bajo el nombre de “Grupo de Madrid”, en el que revistaban además de Bautista, Rodolfo Halffter, Salvador Bacarisse, Fernando Remacha, Juan José Mantecón, Gustavo Pittaluga y Rosa García Ascot. Entre los lineamientos propuestos por el grupo, mencionamos el soslayar el problema del nacionalismo; el de remitirse a los valores puramente musicales de una obra, dejando de lado los literarios y extramusicales en general, y por último, el rechazo de todo romanticismo. La participación de nuestro compositor en esta agrupación coincide con una de las etapas de transformación que hallamos en su creación; en efecto, podemos constatar diversos períodos estilísticos en Bautista, tal como señala Roberto García Morillo. Tales etapas que no pueden ser rígidamente definidas desde el punto de vista cronológico, serían la impresionista, la españolista, la neoclásica y la contemporánea.

Esta última, la que nos interesa especialmente, se iniciaría con el Segundo Cuarteto y la Obertura para una ópera grotesca. No obstante, como se apuntara, existen obras en este último período que comparten rasgos comunes con las anteriores: por ejemplo, la Sinfonía Breve ostenta características neoclásicas, y en el Romance del Rey Rodrigo y otras composiciones se advierten aspectos similares observables en las obras de la época españolista.

En el período llamado contemporáneo hallamos un tratamiento armónico más duro y áspero que en los anteriores; si bien en general no se aparta de la tonalidad, aunque incorpora procedimientos politonales, continúa utilizando con profusión armonías modales como en anteriores producciones, y comienza a trabajar con moderación elementos seriales. Observamos una gran libertad rítmica, y en el aspecto melódico una línea clara, predominantemente diatónica.

Recuerdo que las lecciones que recibí de él, hacía especial hincapié en el aprendizaje de la fuga para la formación del compositor; al analizar sus obras compruebo un uso de todos los recursos del contrapunto, tal como lo plantea la fuga; asimismo solía recomendar la forma cíclica en obras de cierta extensión a fin de obtener mayor coherencia, consejo que también vemos aplicado en sus composiciones.

La situación contemporánea planteaba a Bautista serios interrogantes; sin duda ello influyó en los largos paréntesis que se observa en la aparición de sus obras; además si por un lado desdeñaba ciertas extravagancias pretendidamente modernista, por el otro temía estar adoptando una actitud reaccionaria frente a las audacias de las corrientes de vanguardia, al recordar ejemplos similares del pasado. Creo que tal disyuntiva se reflejó en su creación: si bien se mostró reacio a incorporar las técnicas del dodecafonismo y serialismo que constituían la vanguardia en aquel momento, podemos detectar hacia el final un uso prudente de las mismas. Asimismo puedo recordar que en una ocasión manifestó que la tendencia hacia la desintegración temática era contraproducente, y tal vez habría que volver a la estructuración basada en la idea, tal como lo había hecho Beethoven.

(A partir de aquí Abolsky inicia un profundo análisis  
del “Romance del Rey Rodrigo", Op. 20, que puede  
encontrarse en el capítulo “Evaluaciones periodísticas...”)

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