JULIÁN  BAUTISTA    
     Compositor de música clásica.
     Nacido en Madrid en 1901 y fallecido en Buenos Aires en 1961.
    
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COMENTARIOS Y ANALISIS 

PUBLICADOS POST MORTEM

 

Enrique Franco,  
diario “Arriba” de España,  
el 8 de agosto de 1961.

En mi reciente viaje a Puerto Rico tuve ocasión de conocer a Julián Bautista, una de las figuras más destacadas de la denominada por Salazar “Generación de la República”. Bautista, ahora, me pareció un hombre serio, quizá un poco seco, inteligente, voluntarioso y ausente de vanidad. Previamente yo tenía de oídas y leídas algunas ideas sobre el compositor.

De oídas siempre supe por su maestro –que también lo fue mío--, don Conrado del Campo, que se trataba de una sensibilidad musical y una capacidad técnica de primer orden. No otra cosa afirmó siempre Oscar Esplá, mayor que todos los del grupo, pero que vivió muy de cerca su común biografía.

De leídas, desgraciadamente, poco puede saberse de un compositor español. Hay un largo trabajo Rodolfo Halffter que estudia la personalidad de Bautista hasta los años de nuestra guerra. Luego críticas sueltas, algunas partituras, amén de los párrafos dedicados a él en estudios sobre música argentina como los de García Morillo. Pues es sabido que, Julián Bautista, aventado por la guerra, como la casi totalidad de la generación del 30, se afincó en la República Argentina. Allí casó y allí trabajó hasta que, hace un par de años, al crearse el Conservatorio de Puerto Rico, fue llamado para las clases de Armonía y Composición.

Julián Bautista, madrileño, contaba ahora sesenta años y había iniciado sus estudios como pianista en las aulas de doña Pilar Fernández de la Mora. Pronto sintió la inquietud de la composición y no tardó en inscribirse en el círculo apasionado que supo crear en torno suyo Conrado del Campo. Bautista, como Bacarisse, como Remacha, como tantos y tantos otros –varias promociones- sintieron en la fogosidad generosa de Del Campo, en su enseñanza libre de “presiones”, magnífica escuela para su quehacer.

Estaba la música española en un período de renacimiento, en una de esas etapas a la que se ve obligada tantas veces, de actualización y universalización. La labor de Pérez Casas al frente de la Filarmónica valía por un tesoro, pues cada semana sonaban en Price, las obras más “influyentes” del movimiento contemporáneo. Recibidas con pasión por los verdaderamente interesados y, muchas veces con repulsa por los que parecen no haber cambiado hoy mismo, para los jóvenes músicos como Bautista tener noticia directa de la música de los rusos, del impresionismo, de la reacción de “los seis” era la mejor ampliación a las largas y apasionadas parrafadas de don Conrado.

No es extraño, pues, que cuando repasamos partituras españolas de aquellos años nos parezcan un puro reflejo de muchas cosas, lo cual no quiere decir que valgan por un esfuerzo inútil, pues sin esos “reflejos” asimilatorios es imposible llegar a la creación personal y actual. Que es un hecho ineludible la necesidad de quemar –más despacio o más de prisa—todas las etapas de la evolución artística. En rigor no hay más experiencia valedera que la que se realiza en primera persona.

Así las cosas no es de extrañar que fuese un libreto de Maeterlinck, del debussyano Maeterlinck, una de las primeras tentaciones para el Bautista de diecinueve años. Se trataba de “Interior” y en la partitura se acusaba una gran influencia impresionista, aunque sirviese también para descubrir el talento y la fuerte personalidad de un músico.  Tres canciones sobre poemas chinos “La flûte de jade", para soprano y piano, fueron la siguiente experiencia para desembocar en seguida en la suite “Colores”, para piano. “Se caracteriza –escribe Halffter—por el empleo de superposiciones armónicas –-masas armónicas—en movimiento. De tinte sombrío en los colores oscuros; de vivo fulgor en los colores claros”.

La danza de Antonia Mercé, por un lado, y el antecedente “andalucista” de Falla, por otro, llevó a muchos compositores a este último terreno. Julián Bautista compuso para Argentina el “Ballet Juerga", que se estrena con gran éxito en París, en la Opera Cómica, en 1929. De todos modos, los comentaristas señalan cómo en “Juerga”, situándose el compositor en el meridionalismo nacionalista, no se trabaja sobre temática popular. Pesa más el carácter que el dato, la raíz que la pintura. Aún habría que citar dentro del estilo, las canciones “Tres Ciudades", sobre versos de Lorca.

Ha nacido el “Retablo” de Falla, y en torno a él –lo que no quiere decir siempre influido por él--una serie de ejemplos españoles. El problema es otro. Después de gastar sus recursos, el nacionalismo, aquí como fuera de aquí, se torna historicista y convierte la tradición en dato para la formación de un estilo. Páginas de Esplá, “Sinfonietta” y “Sonatina”, de Ernesto, y las “Sonatas del Escorial”, de Rodolfo Halffter, contribuyen en España a la creación de ese movimiento en el que bajo el signo de Scarlatti y sus discípulos españoles, se inscribe también la “Suite all'antica", de Julián Bautista, y antes, la “Sonatina-Trío” para violín, viola y celo de 1925.

Otro sesgo de la creación del compositor se nos presenta en la “Obertura para una ópera grotesca". Preside las actividades musicales de Unión Radio Salvador Bacarisse y su presencia es una puerta abierta para la nueva música española. En un concurso internacional convocado por la emisora madrileña, en 1933, resulta premiada la partitura de Bautista, que se estrena al poco tiempo por la Orquesta Sinfónica.

Después de su traslado a la Argentina, Julián Bautista trabaja con un ritmo más lento. No se olvide que es hombre detallista que ama la obra bien hecha y gusta de volver con frecuencia sobre las partituras para mejor pulirlas y perfeccionarlas. Compone para el cine, pues para el músico la disyuntiva “música-medio de vida” y “música-vocación” es siempre problemática y se expresa por nuevos cauces a la vista no sólo del giro que toma la música occidental, sino también como respuesta a la propia aventura personal.

García Morillo encuentra la “Fantasía española", Op. 17, para clarinete concertante y orquesta, “atormentada y sombría” en tanto el “Preludio y Fuga” para bandoneón es un escape hacia la tierra de adopción, y los “Catro Poemas Galegos", para voz y seis instrumentos, constituyen el ejemplo de una lírica concentrada, sencilla y buscadora de los viejos modos.

Pero con una nueva página de cámara, dos obras parecen representar lo más valioso de Bautista en los últimos años: el “Cantar del Mío Cid” y la “Sinfonía Breve".  Cuando estuve con Bautista –cuya autoridad y magisterio gozaba de extraordinario prestigio en Puerto Rico—hablamos brevemente de estas páginas. Era compositor al que, una vez compuesta la partitura, como una auténtica necesidad vital, parecían tenerle sin cuidado las más o menos numerosas ejecuciones. Del “Cantar del Mío Cid” sí me habló largamente y con verdadero entusiasmo Alfredo Matilla, para el que habrá sido golpe duro la muerte de Bautista. Bien lo ha recordado estos días.

La resonancia periodística que la muerte de Julián Bautista haya podido tener entre nosotros habrá sido escasa. La importancia de su pérdida para la música española es, sin embargo, grande.

 

 

 

 

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