JULIÁN  BAUTISTA    
     Compositor de música clásica.
     Nacido en Madrid en 1901 y fallecido en Buenos Aires en 1961.
    
centenario@julianbautista.com.ar    

 

 

COMENTARIOS Y ANALISIS 

PUBLICADOS POST - MORTEM

Horacio López de la Rosa,  
diario “Buenos Aires Musical”,  

“A diez años de su muerte”,  
el 1º de Agosto de 1971.

Escribo estas reflexiones luego de haber intentado, con bastante éxito, reconstituir “auditivamente” casi toda la producción del maestro madrileño, en un ciclo de nuestra emisora nacional. Gracias a la colaboración de muchos –porque la mayoría de las partituras y eventuales grabaciones están en todas partes, menos donde tienen que estar—se pudo tener así una idea integral de una obra a la vez escasa y densa, incluyendo las páginas juveniles que el público argentino no conocía.

Y tras apreciar de cerca una producción verdaderamente importante, pienso en un adecuado colofón: meditar en voz alta sobre, por lo menos, dos cuestiones. La primera, la personalidad musical y humana del autor de la música, y la permanencia de su obra; la segunda, su ubicación en el panorama artístico de un país.

Ser –uno—mismo en materia de composición, asimilando las influencias pero buscando tenazmente la expresión individual, supongo que constituye el máximo deseo del creador musical. Ello está en directa relación con la visión que se tenga del arte, la vida y el universo, no importa si fruto de interrogantes intencionados o del cotidiano peso de las cosas. Es decir: no se escribe música automáticamente, no hay fórmulas mágicas, ni modas salvadoras. Y menos, lugar para el macaneo (palabra muy ilustrativa, aceptada hasta por la Real Academia).

En cuanto a la permanencia de una obra musical, también está en perfecta proporción con esa cruel claridad en las intenciones. Se puede hacer demagogia, o bien intentar esoterismos al gusto de la época, pero ahí están las obras, las únicas que atestiguan con verdad. Poco importa si cubren o no la cuota de modernidad que se exige en algunos círculos, o si, por el contrario, desbordan los moldes conservadores.

Y también está ubicarse en el clima artístico de la ciudad o el país. Muchas veces se habla de selva: luchas a brazo partido, capillas, desdenes, etc., pero no tantas de jardín o vivero. A riesgo de pasar por ingenuo, debo recordar que sólo allí se dan las mejores floraciones, modelos y experiencias, y que no se excluyen las leales competencias, como tampoco olvidos y rezagos.

Pues bien: la obra de Bautista puede colocarse sin temor entre las de meditada y segura personalidad, equidistante de las fórmulas al uso en su momento pero atenta a la evolución, fundamentada sólidamente en el pasado pero ajena a los barbarismos disfrazados de revolución. Por eso puede permanecer, porque aún en las páginas menores hubo siempre intención de hacer música y no otra cosa. Una clara conciencia estética, al fin de cuentas. Y una cultura, no sólo musical.

Del romántico asunto del jardín, donde hemos visto cómo sus partituras han descansado a la sombra de copudos ejemplares arbóreos, pensemos que muy bien puede llegar la hora de ponerlas al sol, para que junto con sus enseñanzas y su nunca discutida hombría de bien podamos seguir engalanando esta “Buenos Aires Musical” tan opulenta, y que durante veinte años lo aceptó como querido hijo.

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