JULIÁN  BAUTISTA    
     Compositor de música clásica.
     Nacido en Madrid en 1901 y fallecido en Buenos Aires en 1961.
    
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LOS ULTIMOS AÑOS DE MANUEL DE FALLA

libro escrito por Jorge de Persia

Editado por la Sociedad General de Autores y Editores de España, en 1989.

(En el Capítulo XXIV el musicólogo Jorge de Persia, recrea con
generosidad el vínculo que existió entre el famoso compositor español
Manuel de Falla y el Maestro Julián Bautista.)
(transcripción parcial)

De repente todos los momentos y situaciones que estamos evocando en torno a Falla, a través de esa distancia que da la historia, se vuelven recientes... Al año siguiente, en 1959, Pablo Casals, contemporáneo de don Manuel, y que prolongó su exilio hasta el final de su larga vida, encargó a Juan José Castro la dirección del Conservatorio de Puerto Rico. Este centro de estudios formaba parte del proyecto que Casals había fundado en San Juan de Puerto Rico, que contaba además con el “Festival Internacional” y la creación de una orquesta sinfónica. Poco después Castro decide la contratación de Julián Bautista para hacerse cargo de los primeros cursos de 
composición: “don Pablo participa de nuestra alegría!" , le escribe a Buenos Aires. Esta será una de las últimas actividades del compositor español, radicado en Argentina, que murió en Buenos Aires a los sesenta años de edad, tras haber pasado un tercio de su vida en el exilio porteño.

Ya estaban lejanos aquellos días en que con sus compañeros de generación (y algunos hasta de estudios) compartían los últimos espacios que les dejaba la guerra instalando el Comité Central de la Música en la ciudad de Barcelona. En ese mismo año de 1938 su obra Tres ciudades, para mezzo soprano y orquesta, sobre textos de García Lorca, fue seleccionada para los Festivales internacionales de Música Contemporánea. También de ese año es el último número de la revista mensual Música, que editaba el Consejo, y en ella su artículo “Lo típico y la producción sinfónica”. Por último, en ese año, el descalabro provocado por la guerra empuja a este grupo de músicos al exilio, con caminos dispares. Ya todo era lejano cuando en 1958, en Buenos Aires, recibe estas líneas de Fernando Remacha, antiguo compañero, junto a Gustavo Pittaluga, Rodolfo Halffter y Salvador Bacarisse, en aquellos días...:

"Querido Julián: (...) Te mandamos una foto hecha el día que celebramos nuestras bodas de plata, el 7 de octubre de 1957. Ya va a hacer diecinueve años que nos separamos en Gerona ¿te acuerdas? Tal como está la casa de enredada no parece probable que podamos vernos pronto. Fernando".

Esto escribía Fernando Remacha a Julián Bautista, desde España, en 1958. Ambos músicos, compositores, compañeros de una hermosa aventura que destruyó la guerra, mantuvieron una relación periódica a través de cartas y amigos comunes. Julián Bautista habría de morir poco después, en 1961, en Buenos Aires, adonde había llegado a través de la incierta ruta del exilio en 1940.  

Fernando Remacha vivía ya de regreso en Tudela, su tierra, alejado de aquel brillante futuro que se auguraba a su generación. Otros compañeros de esa experiencia ya lejana que se había desarrollado en Madrid vivían también en el exilio; no interior, como éste de Remacha: “Ya me canso de ser tendero” —decía desde Tudela a Bautista en 1956—, sino en distintos países como Francia, USA, México y Argentina.

Julián Bautista pudo desarrollar su actividad profesional en esta definitiva etapa sin muchas concesiones. Su labor se dividió entre la enseñanza (especialmente en el ámbito privado) y la composición. En este campo dedicó muchos esfuerzos a una actividad nueva y rentanble como era la música para el cine, para el que compuso unas cuarenta partituras; en 1957 decía a Fernando:

«Mi actividad cinematográfica está momentáneamente suspendida a causa de que la industria está pasando una crisis muy aguda y apenas se produce. Estoy dedicado, por ahora, exclusivamente a la ensenanza privada y con eso me defiendo.»

En 1946 trabajó en colaboración con su amigo Juan José Castro en una producción muy valorada en el cine argentino: Donde mueren las palabras, película musical pionera en el género en la que se incluyó una importante parte coreográfica a cargo de Margarita Wallmann, a lo que se sumaron los “Piccoli” de Podrecca en uno de los pocos documentos fílmicos que tenemos. Otros trabajos, como el realizado para la película Inspiración por  Bautista, son especialmente considerados por la crítica especializada.

Estos trabajos para el cine no apartaron a Bautista de sus objetivos como compositor, labor que continuó sistemáticamente y con minuciosidad y cuidado. Su producción en este campo a partir de su instalación en Buenos Aires no es numerosa, y el tiempo que mediaba entre cada obra (sometidas a revisiones intensas) fue el tema central del artículo Los silencios de Bautista, que Juan José Castro escribió para el volúmen que 
ARS dedicó a su memoria: “Así, cuando sus silencios se quebraban —dice Castro— era siempre para regocijarnos con ricas compensaciones: los Catro Cantos Galegos, El Romance del Rey Rodrigo, La Sinfonía Breve, o El cuarteto Nº 3.

El medio musical local acogió a Bautista con interés y respeto, y si bien no todas fueron flores, la inserción del músico en Argentina fue al fin eficaz y productiva. Así parece desprenderse de sus mismas palabras, que escribe nuevamente a su amigo Fernando en 1959, dos años antes de su muerte:

«De mi actividad musical (mis éxitos, como dices) tengo mucho que contarte, aunque ya, según veo, estás al tanto. En efecto, el año pasado ha sido para mí fructífero. Gané el premio del “concurso internacional” organizado por Ricordi Americana para celebrar el 150 aniversario de la fundación de la casa matriz en Milán, consistente en 50.000 pesos y la edición de la obra, la cual fue estrenada por la Orquesta Sinfónica Nacional bajo la dirección de su titular Juan José Castro, con gran éxito. Una sinfonía que dura 32 minutos; mi segunda sinfonía que he titulado Ricordiana. La obra la terminé a finales de diciembre del 57, (...). Me puse de nuevo a trabajar en un Cuarteto de cuerdas para otro concurso internacional organizado por la Asociación 
de Conciertos de Cámara como complemento de un Festival Interamericano que dicha asociación estaba realizando durante el año pasado. También tuve la suerte de ganar el premio, éste de 1.000 dólares y también la edición por la Casa Ricordi. El Cuarteto fue estrenado durante el festival, también con gran éxito de público y crítica. No soy amigo de hablar de éxitos míos; si te cuento estas cosas es porque sé que tú te vas a alegrar y no vas a pensar, puesto que de sobra me conoces, que no soy un estúpido vanidoso. Ya sabes que sobre el valor de nuestras obras se podrá hablar, si no han pasado antes al piadoso olvido, recién dentro de cien años, y no creo que, por muchos esfuerzos que hagamos, podamos estar todos aquí, en este mundo, para entonces. 
Debo decir que, aunque parezca mentira, no he tenido la sensación de la más mínima hostilidad por parte de los colegas, aunque, como es lógico, alguna broma era inevitable. Pero tengo que reconocer que, si alguna prueba necesitaba de la simpatía que aquí se me tiene, ésta ha sido la piedra de toque. Ya antes se me había 
demostrado, al nombrarme profesor de composición en el Conservatorio Nacional, a pesar de no tener carta de ciudadanía, sin que por ello se haya levantado el más mínimo aire de protesta, sino al contrario, con el beneplácito de todos en general. Son los mismos colegas los que me han llevado a ese puesto: es decir, el director del centro, que es un compositor de aquí: Luis Gianneo. Se produjo una vacante por jubilación del titular y este hombre  removió Roma con Santiago hasta conseguir mi nombramiento. Esta fue una gran satisfacción para mí. En fin, ya te he puesto al corriente de todas mis cosas. He escrito demasiado y temo que sea una lata..."

A partir de aquella cena de “nochevieja” que reunió en Buenos Aires a Falla, Castro, Bautista y Badía, se va a generar una cálida amistad entre los dos compositores españoles que circunstancialmente compartían la tierra argentina. Si bien Bautista había asistido a las importantes clases de composición de Conrado del Campo en el Conservatorio de Madrid, el gran magisterio para toda su generación había sido el de Falla.

La cantante hace llegar a don Manuel, con entusiasmo, la partitura de las canciones de Bautista Tres Ciudades, que poco tiempo atrás habían interpretado con gran éxito en el Teatro Cervantes, orquestadas y bajo la dirección del compositor.

Sigue, con modestia, el agradecimiento de Bautista al afecto y atención de don Manuel, que al cabo del largo y penoso verano está sometido a un severo régimen con apenas algún tiempo libre para ocuparse un poco de su trabajo musical. No obstante su interés es manifiesto y así lo hace saber.

“Bien deseo —dice a Conchita en Abril— oírle a usted las Canciones de Julián Bautista, y acompañadas  por él... Con vivo interés las he leído y deseando estoy conocer esas nuevas danzas suyas que Juan José incluye en el programa de su próximo concierto. Ojalá pudiera estar ahí para oírlas, pero desgraciadamente  no hay ni que pensar en ello...”

Las “danzas” eran las del ballet Juerga (Pasacalle, Tango y Zapateado y Danza general), obra en un acto que Antonia Mercé estrenó en París en 1929, y sobre la que Juan José comenta a Falla:

«Nuestro amigo Bautista logró un verdadero éxito en el Colón con sus fragmentos del ballet Juerga. El público, muy numeroso por cierto, lo celebró muchísimo, y con justicia. Son trozos escritos con una gran seguridad y orquestados con gran conocimiento. El segundo número (Tango y Zapateado) es un acierto por su gracia intencionada. "

Poco más es lo que sabemos de las relaciones entre Falla y Julián Bautista. Hay un hecho no obstante que sale de la anécdota puntual de este breve encuentro, para hablar de esa tan clara actitud de don Manuel de apoyo, tanto a los hombres, como al conocimiento y difusión de la música de España. Solidaridad en definitiva con artistas y obras que queda reflejada en estas líneas de agradecimiento que Bautista envía a don Manuel:

"A su gentileza en escribirme he de añadir su generoso rasgo de indicar al maestro Juan José Castro que sustituyese las Noches en los jardines de España por una obra mía, en el concierto de la Wagneriana. Sustitución que hubiera tenido que lamentar ciertamente, el público. No exagero al decirle que sentí una profunda emoción al saberlo, de labios del mismo maestro Castro, y que sentí cómo mis ojos se humedecían 
ante un gesto tan generoso como inusitado”.

Párrafo del capítulo IV

Años más tarde, y cuando casi estos jóvenes músicos (se refiere al Grupo de Madrid) habían emprendido el forzoso camino del exilio (no se trataba ya de la dulce "expatriación" que comentaba Falla), Julián Bautista va a ratificar este papel inspirador, de referencia inmediata, que atribuían al maestro, sobre todo en lo que hace a un concepto de lo tradicional vinculado a un lenguaje "universal".

El 1943, ambos en Argentina, le dice a Falla a propósito de las canciones Tres Ciudades con textos de Lorca (última obra que Bautista había compuesto y editado antes de dejar España), que la mayor alabanza que nadie hubiese podido dirigirle a través de estas canciones era la de haber encontrado cierto entronque con su obra,  "lo cual --escribe-- ha sido guía y acicate para mí en todo momento, lo mismo que para todos los músicos españoles de mi promoción  y de las siguientes, pues todos nos consideramos un poco discípulos suyos, espiritualmente, aunque no hayamos tenido nunca la suerte de recibir sus consejos."

Párrafo del capítulo XV

Pero si por un lado las radios daban tanta "lata" a don Manuel (de Falla), también le echaron una mano. Así ocurrió con aquella tan mentada Radio El Mundo, que más de una vez ayudó a muy ilustres exiliados españoles, hasta en el trámite del visado argentino, como fueron los casos de Julián Bautista y Jaime  Pahissa, ambos invitados a dirigir conciertos en la emisora con lo que se les facilitaba el ingreso en el país. 

Párrafo del capítulo XXX

Si bien la sociedad argentina había recibido con gran cordialidad a estos exiliados españoles, dando muestras de generosidad y sentido común, y la integración de muchos de ellos (en particular este grupo de músicos y artistas que aparecen con frecuencia en nuestro relato) era total, sus recuerdos y una gran parte de sus emociones estaban en España. Sobre todo en esta primera década, Bautista y Pahissa pasaron a formar parte, incorporándose activamente a la vida cultural argentina, del panorama musical local. 

Quizá de ambos el que más avanzó en la integraciön fue Bautista; su mismo trabajo, la intensidad que le exigía la música para el cine, por ejemplo, le ayudaron a hacerlo. Su producción musical no se vió tan resentida por el gran impacto de la emigración. Ambos murieron en Argentina.

 

 

 

 

 

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