JULIÁN  BAUTISTA    
     Compositor de música clásica.
     Nacido en Madrid en 1901 y fallecido en Buenos Aires en 1961.
    
centenario@julianbautista.com.ar    

 

 

Artículo periodístico publicado por
el diario "La Nación", de Buenos Aires,
el 16 de Julio de 2001.
Autor: Juan Carlos Montero.

A 40 años del fallecimiento de Julián Bautista

Un español casi porteño

El compositor vivió en Buenos Aires durante su forzado exilio.

Falleció en esta ciudad, a la que amaba, el 8 de julio de 1961.

·  Sus obras se escuchaban en el Teatro Colón, pero también hizo música para películas.

·  Fue maestro de grandes figuras.

Buenos Aires es una ciudad que encierra infinidad de secretos que, una vez develados, se transforman en ejemplos de un pasado de incomparable riqueza cultural. Uno de ellos acontece ahora al indagar la vida y obra del compositor madrileño Julián Bautista, por el hecho de haberse cumplido hace pocos días cuarenta años de su muerte, ocurrida el 8 de julio de 1961.

Entonces surge la figura de un brillante español nacido el 21 de abril de 1901 que desde niño había dado muestras de predisposición para la música, que estudió en el conservatorio de su ciudad natal, Madrid, y cristalizó su inclinación por la composición al dar a conocer su primera obra, el drama lírico "Interior", con un libreto basado en la pieza homónima de Maurice Maeterlinck.

Ese joven formó parte de un destacado grupo de creadores integrado por Salvador Bacarisse, Fernando Remacha, Rodolfo Halfter, Juan José Mantecón, Gustavo Pittaluga, Gustavo Durán y Rosa García Ascot, reunidos por España con posterioridad a Manuel de Falla.

Fue el mismo que también se lució como colaborador del Gobierno de la República en el campo musical, al materializar sus ideales en la creación de la Orquesta Nacional de Conciertos, en la publicación de la revista Música y en las numerosas ediciones musicales que impulsó desde la Dirección General de Bellas Artes.

Julián Bautista obtuvo en dos oportunidades el premio nacional de España para compositores por sus dos cuartetos de cuerdas, el Op. 6 y el Op. 8, y también el primer premio del Concurso Internacional de Unión Radio, de Madrid, con su "Obertura para una ópera grotesca", Op. 12, que fue estrenada con la batuta de Enrique Fernández Rabos. Asimismo, fue nombrado, en 1936, catedrático del Conservatorio Nacional de Madrid y al año siguiente, en Valencia, formó parte del Consejo Central de la Música.

Exilio y nueva vida

Pero sobrevino en España el drama de la intolerancia y la Guerra Civil. Entonces, Bautista, fiel a sus convicciones, no aceptó imposiciones que cercenaran su libertad y por ello, perseguido y destruidos sus bienes materiales, debió refugiarse en Bruselas, donde su significativa composición "Sonata concertata a quattro" obtuvo un premio internacional y quedó nominada entre las composiciones más interesantes de la música contemporánea de su país.

Al llegar a Buenos Aires recibió el afecto y la calidez necesarios para iniciar una nueva vida. Así quedó demostrado cuando una de sus obras de cámara, la Sonatina-trío, para cuerdas, fue ofrecida en el Teatro del Pueblo, el 26 de agosto de 1940, en versión del conjunto integrado por Ljerko Spiller (violín), Jacobo Tuddman (viola) y Federico López Ruf (violoncelo).

Su vínculo con Castro

Tres años después, el director de orquesta y compositor Juan José Castro, inquieto estudioso del repertorio contemporáneo, incluyó en primera audición una suite de tres danzas del ballet "Juerga", de Bautista, en un concierto de la Orquesta Estable del Teatro Colón, el 5 de mayo de 1943. Una partitura excelentemente elaborada, dentro de un estilo emparentado con las sonoridades impresionistas que la gran bailarina Antonia Mercé, La Argentina, había estrenado con éxito en L´Opera Comique, de París, en 1929.

Allí nació una amistad y una mutua admiración entre los dos músicos. Bautista, dedicado a la enseñanza y a la composición. Castro, ofreciendo su sabio criterio de ampliar el conocimiento del repertorio sinfónico. Pero también él, por razones ajenas al arte, fue obligado a abandonar la patria.

Fue una época en la que el español, plenamente asimilado a la vida porteña, compuso mucha música para el cine, terreno en el que se destacó con premios especiales para la música de las películas "Cuando florezca el naranjo" (1943), "Cuando la primavera se equivoca" (1944), "La dama duende" (1945), "Mirad los lirios del campo" (1947) y "La barca sin pescador" (1950). Fue nombrado académico de número de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina.

Como bien analizó el crítico musical Rodolfo Arizaga, la brevedad del catálogo de Bautista fue una característica reiterada en la mayoría de los compositores españoles, y ello obedecería a la minuciosidad de su sistema de trabajo, severo y disciplinado, que no permitía la improvisación ni perdonaba la rutina. Asimismo, explicó que el vertiginoso y audaz impulso que había tomado la creación musical obligó al compositor a ser muy cauto y meditativo por su indudable procedencia impresionista y su tránsito por el neoclasicismo en materia estilística.

Resulta evidente que Bautista, más allá del número de obras estrenadas fuera de la Argentina, fue en Buenos Aires donde logró claridad de objetivos, coherencia y sinceridad de un lenguaje musical con sello propio, alejado de toda vinculación con las escuelas más destacadas de la época, como pudo haber sido la de París, que tanta influencia ejerció sobre la mayoría de los músicos españoles.

En varios conciertos el público local conoció la "Fantasía española", para clarinete y orquesta, de 1945/46, que se escuchó en el Teatro Colón, en 1954, con su propia dirección; la "Sinfonía breve", de 1956, que se ejecutó en 1962 con la batuta de Jean Sternberg; la segunda sinfonía, denominada "Ricordiana", de 1957, que Juan José Castro ofreció con la Orquesta Sinfónica Nacional, en 1958 -fue dos años después del emotivo retorno de Castro a la Argentina-, y el "Romance del Rey Rodrigo", para coro a capella, todas obras que trasuntan una indudable inclinación por conservar la atmósfera hispánica, pero sin entrar en un lenguaje de colorido nacionalista.

La circunstancia casual de haber participado muy de cerca en los ensayos de la Sinfónica Nacional, en la época de Castro como titular de la orquesta, en el viejo y por aquellos años imprescindible Estudio San Martín donde se los llevaba a cabo, nos permitió conocer al compositor mientras se preparaba su obertura "Grotesca", quizá su obra más veces escuchada en Buenos Aires, ya que el mismo director la incluyó en dos temporadas (1957 y 1959); Antonio Tauriello, en 1961, con la Filarmónica, y Berislav Klobucar, con la Orquesta Estable, en 1962.

Maestro de figuras

La indudable capacidad de Julián Bautista como pedagogo, inclinación que en aquellos encuentros fue de inolvidable valor y que ejercía de manera sutil y elegante, quedó demostrada en un plano internacional cuando Juan José Castro fue invitado por Pablo Casals a ejercer la dirección del Conservatorio de San Juan de Puerto Rico y lo designó profesor de composición, tarea que apenas pudo cumplir, porque al año lo sorprendió la muerte, en Buenos Aires, estando de vacaciones junto a su carismática esposa, ella misma protagonista infaltable de la vida social porteña.

Para tener una idea de su eficacia como maestro basta recordar a algunos de sus alumnos, tanto de la música clásica como en el campo popular: Rodolfo Alchurrón, Alcides Lanza, Horacio López de la Rosa, Carlos Pemberton, Osvaldo Pugliese, Valdo Sciammarella y Atilio Stamponi, entre muchos otros.

Juan Carlos Montero

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Juan José Castro fue su amigo y colaborador

Le dedicó una obra, al año de su muerte

El compositor y director de orquesta Juan José Castro, profundamente dolido por la pérdida de Julián Bautista, con quien lo unía una gran amistad, le rindió homenaje al cumplirse un año de su muerte. Fue con la obra "Epitafio en ritmos y sonidos", para coro y orquesta, oportunidad en la que escribió en el programa impreso palabras que constituyen una declaración de los matices que, por rara coincidencia, caracterizaron a ambos músicos.

Dijo el ilustre músico argentino respecto de su colega español: "Una fuerte, una tierna amistad me unía a Julián Bautista. Admiré en él su vocación de músico y su vocación de hombre libre. Su vida fue una gran lección en ambos sentidos: la integridad artística, que no podía desfallecer, tenía en el hombre su perfecto equivalente. Este ser delicado, modesto, que abundaba en simpatía, silenciaba actos de valentía inequívoca que lo desbordaron cuando se trató de defender causas impostergables para la salud de la patria. Así era su modestia. Así era también su silenciosa tarea de artista. A este extraño ejemplar humano están dedicadas las voces y ritmos que han acudido para formar el "Epitafio"".

 

 

 

 

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